Las implicaciones regionales e internacionales de la Guerra de Irán – por Francesc Sánchez
Los Estados Unidos e Israel han dado toda una serie de razones y argumentos en la Guerra de Irán que iniciaron el pasado 28 de febrero para justificar una agresión sin que medie provocación alguna por parte de Teherán al margen de la legalidad internacional, que ha escalado regionalmente, extendiendo el conflicto al resto de países del Golfo Pérsico, amenazando con implicar a muchos más actores, y provocando repercusiones económicas en el resto del mundo, en un contexto de tensión y conflictividad global, en el que cada Estado establece sus alianzas y toma sus posiciones. En este artículo vamos a hablar de las razones que hay detrás del conflicto y que implicaciones regionales e internacionales quedan expuestas, con la intención de que el lector tenga más elementos para entender el presente, y hacer uso si lo desea —en conciencia— de sus derechos políticos.
En situación
Lo mejor es empezar por el principio. Los Estados Unidos e Israel presentan la agresión que están llevando a cabo sobre Irán para impedir que prospere el proyecto nuclear iraní al que le atribuyen intenciones militares. Los iraníes durante los tiempos del Sha Mohamed Reza Pahlevi —cuando eran aliados de occidente— iniciaron un plan de construcción de centrales nucleares, pero desde la Revolución Islámica de 1979, este proyecto, que podría terminar en la obtención de la bomba atómica se convirtió en una amenaza para Israel —Estado que posee esa capacidad civil y militar— por el mutuo rechazo entre sus dos sociedades, potenciado por el longevo conflicto palestino-israelí. Esto último nos lleva a la colaboración de Teherán con los grupos combatientes palestinos y a la injerencia en algunos de los Estados de la región, que queda definido por el Eje de la Resistencia, tildado por Tel Aviv como Eje del Terror, compuesto por la milicia de Hezbolá, ubicada en El Líbano, Hamás en la Franja de Gaza, y los huties del Yemen, que se autodenominan Ansar Alá (Partidarios de Dios). El Estado de Siria del Partido Baaz de la familia Asad, neutralizado en el mes de diciembre de 2024, por una fuerza compuesta de grupos militares islámicos apoyados por Estados Unidos, Israel y Turquía, quedaría fuera de la ecuación, pero sin embargo el poder chiíta en Iraq, después de la derrota del Partido Baaz de Sadam Husein tras la guerra de 2003, puede ganar popularidad.
Esto último, el factor chiíta, es importante porque todas estas fuerzas y combatientes —a excepción de Hamás que su confesión es sunita— comparten esta interpretación del islam. De ahí que, en el actual conflicto, la eliminación del Ayatola Ali Jamenei, líder supremo, va más allá de la neutralización de un jefe de Estado, porque se le suma el factor religioso, convertido en el islam en ideología. Una interpretación, que en la República Islámica de Irán tiene su núcleo central, pero que comparten muchos musulmanes en toda la región, rivaliza con la sunita, la más ortodoxa —aunque en su seno existan muchas sectas— que tiene su fuente originaria en Arabia Saudita, lugar donde se encuentran las ciudades sagradas de Medina y la Meca. Esta rivalidad religiosa también lo es geopolítica de ahí que, sobre todo desde que la familia Saud pactó con los Estados Unidos el acceso al petróleo a cambio de protección, y los clérigos se hicieran con el poder en Irán, ambos Estados permanezcan desde su creación en tensión. Esto quizá ya nos deje entrever el porqué las represalias iraníes se hayan dirigido hacía los pequeñas —pero potentes en energía y en lo económico— monarquías del Golfo Pérsico, pues se repite el patrón, y el primer objetivo han sido las bases militares de los Estados Unidos desde la que se han apoyado los bombardeos.
Razones transparentes
Hemos establecido la amenaza para Israel y también ordenado un poco la región, pero nada hemos dicho del porqué los Estados Unidos se han sumado, de hecho, están soportando el mayor peso, a esta guerra. Es innegable que el poder de los lobbies sionistas, tanto israelíes como norteamericanos, es decir la ideología que promete a los judíos una Nación en Palestina, ha jugado como en otras ocasiones un papel importante. Pero los Estados Unidos tienen sus propios intereses geopolíticos en la región de Oriente Medio, y el primero de ello es el acceso y la garantía a las fuentes energéticas que quedan definidas por el petróleo y el gas. Cómo decíamos más arriba Arabia Saudita y el resto de las monarquías del Golfo, pactaron protección a cambio de petróleo, quedando por esta razón accesibles y garantizadas tanto la producción como las reservas probadas en esta región. Esto ya de por si debiera llevarnos a la idea de que a Estados Unidos no le interesa que la región esté en conflicto y desestabilizada, pero la Guerra de Iraq de 2003, nos demuestra que los Estados Unidos y sus aliados, por derrotar a un enemigo que les niega estas mismas fuentes son capaces de hacer precisamente lo contrario. Por esa razón la obtención de la bomba atómica por parte de Irán es vista también por parte de los Estados Unidos como una amenaza, no tanto porque pueda utilizarla contra enemigos como Israel o sus rivales, sino por el poder que conlleva la disuasión nuclear. Una República Islámica con armas nucleares es al mismo tiempo la garantía de protección completa para este Estado, como una persuasión muy efectiva hacía sus enemigos en el momento de hacer política en la región.
En cuanto a la defensa de los Estados europeos de las monarquías del Golfo y el probable apoyo de esta aventura sangrienta de los Estados Unidos e Israel, va en función de lo que estamos diciendo, pero hay que sumarle también el factor financiero, pues estos Estados árabes han hecho inversiones millonarias a través de sus Fondos soberanos en el sector industrial, inmobiliario, y servicios. De ahí que cuando Emmanuel Macron, Friedrich Merz, Keir Starmer, o con otro lenguaje, Pedro Sánchez, se refieren al conflicto no solo lo hacen por ajustarse al derecho internacional sino también defendiendo sus intereses. En cualquier caso, siendo esto importante, el factor clave es el energético, en sus dos dimensiones. La primera era ella es la física y material, un desabastecimiento de petróleo o gas, tanto si sucede en Europa como en la India, China, o el Sudeste Asiático, seria letal para el sector industrial y el funcionamiento de sus sociedades. Los Estados Unidos son autosuficientes, pero, por mucho que haya muchos suministradores, los Estados europeos no lo son, lo mismo cabe decir de muchos otros países como la India, China, Japón, Corea del Sur, o del Sudeste Asiático. Los problemas en cualquier caso llegaran antes de los desabastecimientos —y lo pongo en presente porque esto ya se está produciendo— con la subida de los precios del petróleo y el gas por la interrupción de la circulación de los grandes petroleros procedentes del Golfo Pérsico a través del Estrecho de Ormuz. Las consecuencias podrían ser parecidas a la de 1973 con la crisis del petróleo cuando los países productores después de la Guerra del Yom Kipur triplicaron el precio del petróleo.
Razones inconfesables
Esto nos lleva a una de las razones más encubiertas, pero de hecho real y probada en hechos, y no es otra que un golpe de los Estados Unidos a China, su enemigo sistémico, que recibía en el 2025 entre 1,3 y 1,8 millones de barriles diarios de Irán, siendo de esta forma la principal fuente de ingresos de este país. Es cierto que el cierre del Estrecho de Ormuz perjudica tanto a China como a Irán, que perjudica también a las monarquías del Golfo y a sus clientes, aliados de Estados Unidos, pero beneficia también a los americanos con una mayor demanda y un alza en los precios de su propio petróleo y gas listo para su comercialización. Los consumidores en los Estados Unidos por ser un país productor y no existir unos impuestos elevados, disponen de un precio de los combustibles inferior a la que tienen los europeos. En términos globales otro Estado beneficiado de esta inminente crisis es Rusia. Así tenemos que el daño económico por las sanciones por la Guerra de Ucrania que occidente le impuso a este Estado, y que cómo vimos en otro artículo, no se terminó por materializar como se habría pronosticado por el cambio de clientes, con este nuevo conflicto Rusia podría suministrar más petróleo y gas a China y la India beneficiándose una vez más. La clave quizá se encuentre en la capacidad de producción y transporte que tiene Rusia y en la ampliación de esta a marchas forzadas. De importancia económica también lo es la moneda por la que se comercializa estos hidrocarburos y de la que depende en gran medida la emisión de deuda por parte de Estados Unidos.
Para entender esto debemos retroceder en el tiempo hasta el año 1971, cuando Richard Nixon con una deuda muy elevada por la Guerra del Vietnam, decide sacar al dólar del patrón otro y respaldarlo de ahí en adelante con el propio Estado y su economía, en función de un cambio de tipo flotante basado en la oferta y la demanda en los mercados de divisas. Es lo que se llama la moneda fiduciaria (fiat money) que incorporaron progresivamente la mayoría de los países. Y es aquí cuando esto se vuelve interesante porque los Estados Unidos para mantener o incrementar el valor de su moneda pactaron con Arabia Saudita la compra del petróleo en dólares. Esto quería decía que cualquier Estado que quisiera comprar el petróleo saudí necesitaba hacerlo en dólares y de esta forma el valor de la moneda se incrementaba, convirtiéndose en la divida de reserva internacional. El petrodólar fue adoptado por el resto de monarquías del Golfo Pérsico, pero Líbia, Iraq, Venezuela, Rusia, e Irán intentaron vender su petróleo en otras divisas, en euros y en yuanes, y ya sabemos cómo han terminado. De ahí que la política militar de los Estados Unidos, en el pasado cómo lo fue en el caso de Libia e Irán, o en el presente con Venezuela e Irán, esté conectada también el valor del dólar, y por lo tanto con la economía norteamericana. Con un dólar fuerte los Estados Unidos pueden emitir un volumen suficiente de dólares y la deuda que quieran dentro de unos límites, con la que financiar su gasto público, pero con una emisión demasiado grande de dólares, el dólar puede perder su valor, produciendo una inflación elevada (disminución del poder de compra), y su economía puede debilitarse.
Nos queda otra razón inconfesable de esta guerra para nuestros medios de comunicación pero que el propio Benjamín Netanyahu ha propuesto más de una vez en la Asamblea General de las Naciones Unidas. No es otra que el establecimiento en la región de un nuevo orden de poderes en el que Israel disponga de la hegemonía militar y económica a través de sus fuerzas. De eso iban los Acuerdos de Abraham con los Estados Árabes, no solo iba de hermanamiento con los árabes redimidos, pero también el plan de la Bendición y la Maldición, en el que Israel tiene la pretensión de ejercer de controlador del comercio en la región entre Asia y Europa, y asegurarse el acceso a las fuentes de energía. Esto compite con la Nueva Ruta de la Seda China (la Belt and Road Initiative), y excluye un Irán hostil gobernando por los ayatolas, y probablemente por cualquiera. De ahí lo peligroso. El hostigamiento de El Líbano, una vez más busca erradicar a Hezbolá pero también a un competidor, sus pretensiones sobre Cisjordania después de lo que han ejecutado en la Franja de Gaza, son evidentes. Se ha denunciado el plan del Gran Israel, pero lo dicho hasta ahora ya es suficientemente importante para entender que es lo que se están jugando, tanto lo que pueden ganar como lo que pueden perder.
Dificultades
Puede que Donald Trump en algún momento tuviera la peregrina idea de que Irán correría la misma suerte que Venezuela, pero me parece que todo es más complejo. La República de Irán es un país de 90 millones de habitantes con un régimen duro estructurado y sustentado por la mayoría de población. Ciertamente existe una población joven y dinámica que quiere cambios políticos, pero no tiene fuerza porque no está organizada políticamente. La eliminación de Ayatola Ali Jamenei traerá consecuencias, pero automáticamente ha sido sustituido. Irán dispone de un importante ejército y una milicia, llamada los Guardianes de la Revolución, que no parece que puede ser comprada, o pretenda desaparecer. Los ataques en forma de represalias que tanto inquietan a los occidentales y quienes lo reciben, y el cierre del Estrecho de Ormuz, van a traer consecuencias. En Irán existen grupos étnicos diferentes con aspiraciones políticas secesionistas que pueden ser tentados por los Estados Unidos, y es en este caso en el que algunos analistas han argumentado que, frente a una pérdida de la integridad territorial del país, podría darse algún golpe de mano. Pero esta idea es inconsistente con la de pasar a ser una nación sometida a los Estados Unidos e Isarel. De ahí que la guerra puede tener una duración más allá de lo esperado, y cuando los proyectiles empiecen a desaparecer será necesario aumentar la producción en el complejo militar industrial americano, circunstancia que requiere una mayor inversión. Donald Trump se ha lanzado a esta aventura militar sin pasar por el filtro del Congreso, pero esto no puede seguir así por mucho más tiempo si es precisa una intensificación y ampliación de fuerzas en forma de soldados sobre el territorio. Para eso haría falta ese trámite legal, y las elecciones de medio término, donde se renueva a toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, en un contexto de tensión social por la política migratoria, se celebran el mes de noviembre, por lo que lo qué tenga que suceder sucederá antes.
Rusia no está ausente en esta guerra y China tampoco lo está. No ha habido grandes discursos o amenazas, como si las hubo en el pasado durante la Guerra Fría (por lo que tiene que ver con Oriente Medio quizá el caso más claro sea durante la Guerra de Suez de 1956), tampoco es plausible que entren en beligerancia abierta, Rusia está muy ocupada en Ucrania y China, no solo no ha iniciado o participado en guerras, sino que apenas ha tenido intervenciones militares en el exterior. Pero se presupone que están ofreciendo marcadores de objetivos a través de satélite a los iraníes. Probablemente también armamento, como ha sucedido en el pasado, algo que desde que se ha iniciado el conflicto no está verificado, pero que de prolongarse la guerra podría ser equiparable, en algún momento, a lo que Estados Unidos y los Estados europeos han estado proporcionando a Ucrania desde que se inicio esa otra guerra. Irán forma parte junto a Rusia y China de la asociación de cooperación de los BRICS, y de alguna forma su viabilidad como contrapeso a la hegemonía occidental con esta guerra está en juego.
Interconexiones
La Guerra de Irán por todo lo dicho no puede ser contemplada aisladamente en un mundo global, pero es que, además, cómo mantiene Rafael Poch, no está desconectada de la Guerra de Ucrania, y en realidad del resto de conflictos abiertos en el mundo. De esta forma se explica también el papel de Francia, Alemania, y el Reino Unido, y en menor medida España (más adelante explicare esto mejor), en este nuevo conflicto: de alguna forma se está mandando el mensaje a la Casa Blanca de que van a apoyar —dentro de unos límites— a los Estados Unidos en Oriente Medio para que Washington haga lo propio en Europa en la Guerra de Ucrania. Recordemos que la misma razón que argumentaba Putin sobre Ucrania antes de la guerra, la seguridad de su Estado, es la que hoy los Estados europeos argumentan para mantener el apoyo a los ucranianos. Lo que sucede es que la aventura militar de Donald Trump y Benjamín Netanyahu, bajo la ideología de la guerra preventiva, valida de alguna forma la guerra de Putin en Ucrania, y por lo tanto ese mundo basado en reglas que habían creado los vencedores de la Segunda Guerra Mundial en 1945 en Yalta, y que había sido transgredido muchas veces contra Estados canallas con o sin la debida autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, desde los sucesos del 11S de 2001, con las guerras de Afganistán, Iraq, Libia, y Siria, y ya definitivamente desde la Guerra de Ucrania, ha saltado por los aires. De hecho, están dando carta de naturaleza para que el resto, sean grandes o pequeños Estados, hagan lo mismo. Esto nos lleva al papel de España en el conflicto.
Pedro Sánchez lleva razón, pero no va a ser fácil que convenza a la mitad de los españoles que nunca le dará su voto en unas elecciones. Donald Trump y Bejamin Netanyahu son los agresores y esta guerra es ilegal, además es injusta, y esconde motivos inconfesables. Por muy poca simpatía que nos produzca el régimen de los ayatolas no es nuestro patio, son los propios iraníes los que deben sacudírselo si es lo que desean mayoritariamente. Se ha denunciado a veces con razón, a veces torticeramente, al régimen cuando las razones de la guerra son otras, y tanto a Estados Unidos como a Israel, la libertad y los derechos de los iraníes son un asunto secundario, supeditado en cualquier caso a sus propósitos geopolíticos. La prueba de ello es cómo han iniciado esta guerra y sobre quién están cayendo las bombas. El papel de España es el de ser el aliado que deja al emperador desnudo. Pedro Sánchez se encuentra cómodo con ser la oveja negra de una comunidad internacional compuesta por occidentales que no hacen otra cosa que rendir pleitesía a Donald Trump. No porque estén convencidos sino porque conocen al personaje y no encuentren una alternativa. Pedro Sánchez levanta pues, el No a la guerra, asegurando que no permite el uso de las bases de Rota y Morón para las acciones militares de los Estados Unidos, mientras al día siguiente envía la mejor de las fragatas que disponemos hacía el Mediterráneo para defender la isla de Chipre y también Turquía, donde desde hace mucho existe un dispositivo Patriot español. Y lo hace porque Chipre forma parte de la Unión Europea, y Turquía forma parte de la OTAN.
Israel, después de los atentados del 7 de octubre de 2023, el detonante y su justificación, para buscar legitimidad ante su pueblo y en el mundo, ha golpeado duramente a todos, pero en lugar de resolver su conflicto, quiere terminar el juego. Y lo quiere hacer sin comprender o comprendiéndolo muy bien, que sus acciones tendrán consecuencias. Muchos israelíes no apoyan a Benjamín Netanyuhu, pero como en otras ocasiones en su turbulenta historia son arrastrados hacía el conflicto existencial. Los Estados Unidos con Donald Trump pareciera que podían concluir la Guerra de Ucrania, pero en realidad no solo mantienen ese conflicto en marcha, sino que han entrado en una dinámica de confrontación con sus rivales, y con sus propios aliados, como ya anunciaron en su Estrategia de Seguridad Nacional, dejando entrever que es un combate también existencial, porque así lo creen quienes le sustentan en la cúspide, aunque sea al precio de decepcionar al pueblo que le dio su confianza, y consternar a los que no le votaron y seguían pensando en los cuentos de hadas.
Francesc Sánchez – Marlowe. Barcelona.
Redactor, El Inconformista Digital.
Incorporación – Redacción. Barcelona, 8 Marzo 2026.
