Europa se prepara para la guerra – por Francesc Sánchez
El cuadro que precede este artículo es el del Juramento de los Horacios de Jacques-Louis David, realizado en 1784, cinco años antes de la toma de la Bastilla y, por lo tanto, del inicio de la Revolución francesa. El lienzo inspirado en una leyenda del historiador Tito Livio nos muestra tres hermanos, los Horacios, jurando ante su padre defender Roma de otros tres hermanos, los Curiacios, de la ciudad rival Alba Longa. Los mensajes que nos quiere lanzar Jacques-Louis son la lealtad al Estado, el deber cívico, y el sacrificio del interés personal al bien común, en un momento convulso con grandes transformaciones de la que él mismo formara parte. De momento dejen esta obra de fondo, cuando terminen de leer este texto, vuelvan a contemplarla de nuevo.
Europa se prepara para la guerra, me atrevería a decir que, por lo que dicen sus líderes, incluido el secretario de la OTAN Mark Rutte, quiere ir a la guerra. Luego ya entraremos en si esto es posible o deseable, ahora me voy a limitar a decir cómo se ha llegado a esta determinación y el porqué se ha llegado a la misma. Los europeos nos mostramos fuertes con algunos y con otros, aunque nos agredan constantemente, nos callamos. Pero empecemos por el principio que no es otro que el saber que se nos ha perdido en Ucrania al menos desde el 2014, cuando la Unión Europea ofreció un acuerdo comercial al gobierno de Yanukovic que excluía otro acuerdo equivalente con Rusia, obligando a este hombre a elegir entre la tentación y la familia. Ya sabemos que eligió y también como automáticamente parte de su pueblo se rebeló y, finalmente, los sectores más radicalizados y paramilitarizados dieron un golpe de Estado, provocando la ruptura del país: este fue el origen de la toma del control de la Península de Crimea por parte de los soldados rusos ubicados en Sebastopol, y del inicio de la insubordinación de las regiones del Dombás, muy cercanas a Rusia por lazos filiales y culturales, con el apoyo del Kremlin. La Guerra Civil en el Dombás que a muy pocos les ha importado reportó al menos 14.000 muertes y no fue resuelta ni en los primeros ni los segundos Acuerdos de Minsk, por los que los habitantes de estas regiones querían una autonomía y federalización del Estado ucraniano, y que según las palabras de la canciller Angela Merkel solo sirvieron para dar tiempo al Ejército ucraniano para prepararse para un enfrentamiento mayor, armado e instruido por fuerzas de la OTAN, organización internacional a la que Ucrania al menos desde los hechos de Kiev de 2014 ha querido incorporarse, y que, según Rusia, esta circunstancia amenazaba existencialmente su propia seguridad. La invasión de Ucrania por parte de Rusia el 24 de febrero nadie puede negar que tiene un agresor y un agredido, pero no explicar cuáles fueron los prolegómenos del conflicto es escamotear parte de la verdad. Desde ese momento los Estados europeos y la Unión Europea, juntamente con el gobierno de Joe Biden en Estados Unidos, no solo no hicieron nada para concluir el conflicto, sino que lo alimentaron tanto políticamente, con sanciones económicas contra Rusia y una retorica belicista, como militarmente, proporcionando todo tipo de armamento a los ucranianos. Los europeos han llegado tan lejos, que ahora con un presidente americano que quiere terminar cuanto antes con la guerra, no solo no le recogen el guante, sino que entorpecen la búsqueda de la paz. Quizá deba precisar esto: no es que los europeos no quieran cualquier tipo de paz, sino que solo quieren aquella en la que Rusia sea la derrotada, cuando la realidad sobre el terreno, con una quinta parte del territorio ucraniano conquistado y la ineficacia de las sanciones sobre la economía rusa, es justamente la contraria. De ahí que Putin no tenga ningún tipo de prisa porque el tiempo juega a su favor: cuanto más tiempo pase más territorio conquistaran los rusos y las consecuencias de la guerra sobre los europeos serán más importantes.
Mientras en Europa estamos en esto, desde los Estados Unidos se han dado a conocer dos documentos importantes. El primero de ellos son los 28 puntos difundidos el pasado 21 de noviembre para alcanzar la paz en Ucrania, que tenían el propósito de terminar con la guerra incorporando muchas de las condiciones que impone el Kremlin. En esta propuesta se reconoce la soberanía de Ucrania, pero se concede a Rusia el territorio que ha conquistado, se limita el número de efectivos del Ejército ucraniano, se transforma a Ucrania en un Estado neutral fuera de la OTAN, dejándole la puerta abierta a la Unión Europea, y pretende hacer un uso de los fondos rusos congelados para la reconstrucción del país. Esta propuesta contempla también un acuerdo entre todas las partes para redefinir la seguridad en el continente europeo con el objetivo de que no vuelva a producirse algo parecido. Sin embargo, nadie parece aceptarla. Putin ha dicho que es un buen inicio, pero en ningún momento la ha aceptado porque lo que está esperando es la capitulación ucraniana con todas sus consecuencias. Por la parte ucraniana, Zelensky se nos muestra como un hombre paz, que asumiría su exclusión de la OTAN, pero que se enroca en lo más importante, en el mantenimiento de la integridad territorial del país previa al conflicto. Finalmente nos queda la posición de la Unión Europea y el Reino Unido que sin adscribirse a este plan de paz ni ofrecer el suyo propio, mantienen su apoyo militar a Ucrania, hemos de entender in infinitum, poque consideran que al igual que Rusia antes de iniciar la guerra, su seguridad está comprometida. El interesante grupo de Estados europeos, voluntarios o dispuestos, compuesto por Alemania, Francia, Italia, España, Polonia y el Reino Unido, ha llegado a afirmar que estaría dispuesto a enviar fuerzas militares a Ucrania, precisando Pedro Sánchez, eso sí, que en el caso español sería después de la aceptación de las partes de un acuerdo de paz.
Esto nos lleva a un segundo documento importante, la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos publicada en el 5 de diciembre de 2025, un ambicioso plan que define sus objetivos y su relación con el resto del mundo. En este artículo lo que más nos interesa es el espacio que dedica a Europa. Para los Estados Unidos el continente europeo sigue siendo importante pero el documento sentencia que los Estados europeos caminan por una senda equivocada que los llevara a ser irreconocibles en menos de 20 años. Considera que la Guerra de Ucrania y la ruptura de relaciones de los Estados europeos con Rusia es uno de los principales errores que se han de corregir. Señala que la burocracia y las excesivas reglamentaciones, la inmigración masiva, y la falta de libertad de expresión, son sus principales males. Pero, sin embargo, los Estados Unidos piensan que las fuerzas políticas soberanistas contestarias, que denomina como patrióticas, pueden cambiar esta situación, y por esa razón quieren apoyarlas abiertamente. Señala que la época en que los Estados Unidos defendían el continente se ha terminado. El objetivo para los Estados Unidos es hacer negocio, poder abrir el continente plenamente a sus empresas, y disponer de una fuerza militar a su servicio, que alienta a que sea mayor y más poderosa, con un incremento de los presupuestos militares en todos sus aliados europeos, con los que poder vender más armamento procedente de su propia industria militar. El documento no menciona abiertamente a la Unión Europea ni tampoco al Estado de Bienestar, precisamente porque no solo no los reconoce, sino que considera el origen del malestar.
La impugnación de Donald Trump de la Unión Europea ha llegado a tal extremo que pretende apoderarse de Groenlandia, por las buenas, comprándola, o por las malas, sancionando con aranceles a los Estados que se le opongan, o incluso tomándola militarmente, probablemente desde su base militar de Pituffik: lo mismo que hizo Putin con Crimea, con la diferencia de que en este caso sus habitantes le rechazan. Puede parecer descabellado, pero Estados Unidos después del secuestro de Nicolás Maduro, y de la imposición de un Protectorado de facto sobre Venezuela para apoderarse de sus reservas energéticas, no podemos descartar que apliquen esta última opción. Las amenazas de Donald Trump sobre la República Islámica de Irán, en un contexto de protestas de las multitudes por las estrecheces económicas derivadas de las sanciones occidentales, y el cansancio de éstas por del férreo control de los clérigos a través de su policía de la moral, reprimidas a sangre y fuego por el régimen, tienen como objeto desestabilizar el país: en caso de conflicto armado las exportaciones de petróleo hacia China, que en Venezuela fueron abortadas antes de hacerse realidad, podrían quedar comprometidas de una forma mucho más contundente.
Frente a esto los Estados europeos pueden someterse o rebelarse. Hacer una política de menor aterrorizado frente a el abusón de la clase o colaborar a través de la Unión Europea para plantarle cara. Sin embargo, nada de esto se conseguirá mientras no se termine la Guerra de Ucrania. De ahí que se deba aprovechar esta ventana de oportunidad que Donald Trump ha abierto para finalizar el conflicto, de no hacerlo los Estados europeos pueden verse muy duramente afectados, y la viabilidad, o incluso la existencia, de la Unión Europea puede estar en riesgo. Si la Unión Europea decide dejar de someterse a los Estados Unidos, puede ofrecer un plan de paz alternativo o sin más, puede bajarse de este tren que avanza hacía una vía muerta, y empezar a protegerse. Por si quedaba alguna duda Rusia está de acuerdo tanto en el análisis como en los propósitos de la Estrategia de Seguridad de Estados Unidos para Europa, de ahí que queda muy claro que uno de los objetivos de esa guerra, fue realmente el debilitamiento de la Unión Europea. En el otro sentido fue el debilitamiento de Rusia por parte de Estados Unidos y la Unión Europea, y quizá su derrota para apoderarse de sus inmensas reservas energéticas y de minerales, pero ya hemos visto cual era la trampa ucraniana.
Permítanme ofrecer una propuesta que puede parecer un disparatado cuento de hadas pero que puede que no vaya del todo mal desencaminada. Supongamos que la Unión Europea llega a un acuerdo con Rusia para que los territorios no ocupados pasen a estar supervisados por fuerzas militares y técnicos europeos por un tiempo. Esta nueva Ucrania iría hacía una neutralidad, como la que inició Austria después de la Segunda Guerra Mundial, mientras los territorios conquistados por Rusia quedarían bajo su tutela. Muchos estarán pensando porque Rusia aceptaría tal cosa pudiendo quedarse con toda Ucrania, y porqué la Unión Europea haría lo propio frente a las amenazas potenciales del Kremlin. La clave se encontraría, precisamente, en aquello que se le negó a Rusia en el 2014, un acuerdo comercial entre las partes, por el que la Unión Europea recibiera a buen precio tanto el petróleo y el gas ruso, como los minerales fundamentales para la industria, mientras Rusia dejara vía libre hacía su inmenso territorio a todos los productos manufacturados de la industria europea. Esto que puede parecer una herejía, mataría del susto a muchos, y seria considerado una traición por Donald Trump. Pero resolvería progresivamente la mayoría de las tensiones del continente, Putin dejaría de amenazarnos y nosotros a Rusia, porque nos interesaría mantener esta relación comercial. La guerra dejaría de ser una opción política porque Rusia quedaría finalmente encajada en el continente. Europa obtendría una merecida independencia política y viabilidad económica, podría avanzar cada vez más en la construcción europea en el buen sentido, sin jibarizar a sus diferentes pueblos, y efectivamente debería también crear su propia estructura defensiva, mientras en Rusia, aparte de beneficiarse económicamente, se podría dar una apertura y una democracia, como nos gusta decir, homologable.
Este plan no sería tan diferente a la situación que se inició después de la desaparición de la Unión Soviética, por no hablar ya antes de la Ostpolitik de Willy Brandt, y de la gran apertura de Mijaíl Gorbachov, pero esta vez, sin los efectos negativos para los rusos, desde una posición de fuerza por parte de la Unión Europea, estructurado y desde una posición de iguales, sin engaños ni traiciones. Pero no parece el caso. Hoy vivimos un cuento de terror en el que el enfrentamiento para nuestros líderes parece inevitable, por eso se acuerda doblar los presupuestos de defensa, se llama a filas a unos jóvenes que no saben ni quieren saber nada de una guerra, mientras la relación trasatlántica que mantiene la OTAN es contingente, en función de lo que se pague. Europa, esta misma Europa que se unió para erradicar la guerra, cuando Francia y Alemania en 1950 firmaron la Declaración Robert Schuman y decidieron dejar atrás siglos de enfrentamiento, cuando bajo el liderazgo de François Mitterrand y Helmut Kohl teníamos un horizonte y unas lecciones aprendidas, parece que ha optado por todo lo contrario cuando las armas nunca han sido tan letales y devastadoras, esperando unir de esta forma a todos los europeos, como en el pasado se unió contra el islam. Estos mismos líderes se reúnen y plantan cara al oso ruso con grandes declaraciones, sin proponer nada efectivo, pero parece que les cuesta mucho más hacerlo con el amigo americano, porque así se quiere, por aquello de que nos liberó en la última guerra de la tiranía. Ahora contemplen de nuevo el lienzo de Jacques-Louis David y lo comprenderán todo perfectamente. Pero recuerden bien cómo fue la historia, toda ella, y podrán hacer una lectura crítica de nuestro momento.
Francesc Sánchez – Marlowe. Barcelona.
Redactor, El Inconformista Digital.
Incorporación – Redacción. Barcelona, 18 Enero 2026.
