Estados Unidos ataca Venezuela y captura a Nicolás Maduro – por Francesc Sánchez
En la madrugada del sábado, día 3 de enero, un operativo de fuerzas combinadas del Ejército norteamericano, compuesto por 150 aeronaves y centenares de soldados, ha atacado diferentes objetivos militares en Venezuela y ha capturado al presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. La reacción de multitud de gobiernos ha sido la de no aceptar ni el ataque ni el secuestro de Maduro porque infringe la legalidad internacional, pero en función de las alianzas unos lo han condenado y otros han deslegitimado al presidente venezolano.
Los hechos
Donald Trump y parte de su equipo en una comparecencia ante la prensa han explicado esta «extraordinaria operación», preparada desde hacía dos meses, mientras el presidente nos hablaba no hace tanto del Clan de los Soles y la destrucción de pequeñas embarcaciones «dedicadas al narcotráfico» en alta mar. Una operación en la que aseguran que no ha habido bajas norteamericanas, y la han justificado acusando a Nicolás Maduro de terrorista y narcotraficante. Donald Trump ha ninguneado a la líder de la oposición venezolana María Corina Machado, diciendo que no tiene «ni apoyo ni respeto», y en cambio ha puesto en valor a Delcy Rodriguez como vicepresidenta, señalando que le ha comunicado que se pondrá a su servicio. El presidente ha dicho también que los Estados Unidos van a dirigir la política en Venezuela hasta que haya «una transición adecuada», argumentando que este país dispone de importantes reservas petrolíferas, pero que no las explota suficientemente bien, hecho que quiere solventar con la participación de empresas del sector norteamericanas, con las que aumentar la producción y enriquecer tanto a los Estados Unidos como al pueblo de Venezuela. Donald Trump ha amenazado también con un segundo ataque mucho más grande y contundente. Por su parte la vicepresidenta del país, Delcy Rodríguez, después de condenar este ataque y de decir que Maduro es el presidente legítimo de Venezuela y pedir que lo traigan de vuelta, sin explicar suficientemente cómo se han podido producir estos hechos que aquí explicamos, pero afirmando que Venezuela no volverá a ser de nuevo una colonia, se ha convertido legalmente en presidenta del país. Mientras tanto los venezolanos que salieron de su país en los últimos años, por motivos económicos o políticos, en muchas ciudades alrededor del mundo se concentraban para apoyar o protestar por el ataque norteamericano, en Caracas y otras ciudades los que apoyan al gobierno han empezado también a concentrarse en las calles.
Por lo que sabemos el Ejército norteamericano en su Operación Resolución Absoluta han participado 150 aeronaves, entre ellas cazabombarderos F22, F35 y F18 y bombarderos B1, procedentes de alrededor de dos decenas de bases, que han destruido las defensas antiaéreas venezolanas y han dado cobertura a un número indeterminado de helicópteros con fuerzas especiales, que han despegado desde sus buques en el Mar del Caribe, y que han transportado fuerzas especiales Delta Force para secuestrar a Nicolás Maduro. En los combates, sin bajas norteamericanas según Donald Trump, pero por lo que parece con al menos más de cuarenta muertes entre los venezolanos, fueron atacadas la base aérea de Carlota y el Aeródromo de Higuerote, el Puerto de la Guaria, el Palacio de Miraflores, y Fuerte Tiuna. Sobre las 3:29 horas de la madrugada, hora local, un helicóptero con Maduro y su esposa los llevo al buquede asalto anfibio Iwo Jima.
Las autoridades venezolanas pedían una prueba de vida Nicolás Maduro y su esposa y esto ha llegado, primero con una imagen en redes sociales de Nicolas Maduro difundida por Donald Trump en las redes sociales en el buque Iwo Jima, y luego con la aparición en los medios estadounidenses de diferentes imágenes de Maduro fuertemente custodiado en el aeropuerto de Nueva York, la Sede de la DEA, y en la prisión de localidad de Brooklyn.
El análisis
Los Estados Unidos de Donald Trump han atacado Venezuela y secuestrado a Nicolás Maduro no porque el presidente venezolano sea un capo de una mafia dedicada al narcotráfico, como muchos otros que sí lo son y que efectivamente se encuentran en otros países del continente. Tampoco porque su régimen por la comunidad internacional occidental sea considerado una dictadura que oprime a los que se oponen, como muchas otras que son intocables. Sino porque su Estado controla unas de las reservas más importantes de petróleo del mundo con alrededor de 300.9 mil millones de barriles según la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) y la propia EIA (Administración de Información Energética de los Estados Unidos). La producción actual de Venezuela, que en los años setenta del siglo pasado llegó a producir 3,5 millones de barriles diarios, hoy debido a múltiples factores, entre ellos la inestabilidad política y las sanciones, y el envejecimiento de la infraestructura, es desconocida y puede que no pase del medio millón de barriles. Los Estados Unidos hoy son un productor neto en petróleo y gas, pero controlar el petróleo de Venezuela le podría permitir tanto acaparar una mayoría en la producción mundial y marcar de esta manera el precio en los mercados, como estrangular económica y energéticamente a aquellos Estados que se le opongan. Esta es la razón real y de peso de esta agresión militar contra Venezuela que automáticamente ha hecho entrar a ambos Estados técnicamente en guerra.
Pero esto no es cosa sólo de Donald Trump sino de los Estados Unidos. La animadversión entre ambos Estados viene ya de lejos, al menos desde que el comandante Hugo Chaves Frias fue proclamado presidente y bajo su ideología del socialismo bolivariano quiso reapropiarse de las fuentes energéticas del país para redistribuir el beneficio de la PDVSA (Petróleos de Venezuela) entre los más desfavorecidos de su pueblo, había por así decirlo un plan en un cajón. Donald Trump lo ha hecho realidad, y lo ha hecho en función de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, que para lo que se respecta al continente americano se inspira en la Doctrina Monroe, de una forma extensiva, porque esta hacía referencia a la exclusión de la injerencia europea en el continente, a través de su máxima América para los americanos. Estos hechos quieren mandar dos mensajes claros y diáfanos: los Estados Unidos intervendrán militarmente en el continente cuando sus intereses sean comprometidos o puedan ser reforzados, pero también se va a intentar excluir o disminuir económicamente a las empresas de China, y de otros Estados, como pueden ser los europeos en el continente. Y esto afecta especialmente a España, la petrolera Repsol dispone, precisamente en Venezuela, aún de un importante negocio.
Finalmente es imposible entender Venezuela y el hemisferio occidental, sin contemplar el mundo entero, en el que nunca había habido tantas personas viviendo mejor por efecto de la propia globalización económica que promovieron los norteamericanos, pero al mismo tiempo, un mundo en el han ascendido nuevas potencias como China, la India y Brasil, un mundo, ésta es la clave, en el que los recursos son limitados. Esta es pues después de todo la Guerra por la Civilización, aquella que se aleja de los grandes acuerdos de 1945 tras las Segunda Guerra Mundial, y que nos recuerda más al mundo de los Imperios del siglo XIX, y que todos sabemos cómo terminó. Con la diferencia de que el mundo hoy, incluido en el aspecto militar, no es el mismo, y por lo tanto es mucho más peligroso. Europa, por cierto, ni está, ni se la espera, otro día hablaremos de Ucrania.
Francesc Sánchez – Marlowe. Barcelona.
Redactor, El Inconformista Digital.
Incorporación – Redacción. Barcelona, 4 Enero 2026.
