La guerra sin fin en Palestina – por Francesc Sánchez
El plan de paz de Donald Trump aceptado por el Estado de Israel y la milicia palestina de Hamás entre el 29 de septiembre y el 3 de octubre no está siendo respetado. La no entrega de cadáveres o cualquier tiroteo son valorados de diferente manera en una balanza trucada en la que las muertes israelíes pesan mucho más que las palestinas. Parece que cualquier excusa es válida para que la maquinaria de guerra israelí vuelva a descargar su mortífera carga sobre los palestinos en forma de bombardeos. Nadie sabe que es lo que sucederá, por esa razón considero que es el momento apropiado para hacer un balance de estos dos años de guerra.
Durante dos años hemos podido comprobar cómo primero las 1.200 muertes, los 251 secuestrados israelíes, y después, con el plan de castigo en marcha, los 1.000 soldados israelíes muertos, han tenido su equivalencia con unas cifras muy superiores para los palestinos, entre 75.000 y 80.000 muertes, que con un sencillo calculo matemático da una proporción de 34 muertes palestinas por cada israelí muerto. Esta proporción podría incluso duplicarse si sumamos los desaparecidos entre los escombros y las muertes indirectas que aún han no se han contabilizado. La campaña de bombardeos e invasión terrestre desplazó a más de un millón de personas, que ahora a su vuelta no han encontrado más que ruinas. El 90 por ciento de las viviendas han sido destruidas y dañadas, y algo parecido sucede con la infraestructura civil palestina, el 70 por cierto ha sido ha sido destruida o dañada, incluidos los hospitales y escuelas. Durante todo este tiempo el Estado de Israel selló la Franja impidiendo la entrada de alimentos y medicinas. Meses atrás los soldados israelíes frente a la algarabía en el momento en el que los palestinos acudían a los miserables puestos de alimentos, los recibían a tiros, provocando nuevas muertes. Realmente desconocemos la mayoría de lo que ha sucedido en la Franja porque el Estado de Israel prohibió también el paso de los periodistas, los que se encontraban dentro han muerto a decenas, la mayoría por los bombardeos o acribillados.
El plan de paz de Donald Trump fue acogido con alegría entre los palestinos y entre los israelíes, se produjo el esperado intercambio de prisioneros. Este fue el primer punto del acuerdo, pero desde entonces no habido día en la Franja de Gaza en que las bombas no hayan dejado de caer del cielo. El resto de los puntos, en el que se incluye un remoto punto 19 con el establecimiento de un Estado palestino, no se han cumplido. Ni parece que eso sea posible porque, según el plan, que deberíamos denominar mejor como armisticio o rendición incondicional, exige la entrega de las armas por parte de Hamás, para luego pasar a desaparecer como organización, concediendo el indulto a aquellos que abandonen la organización, dejándoles la opción de quedarse o exiliarse. Total, en función de este plan Hamás no puede formar parte del futuro de la Franja de Gaza. Sin embargo, el hecho es que la milicia, duramente golpeada, mantiene alrededor de 20.000 combatientes y un número desconocido de personal civil: lo último que nos ha llegado es que está saldando sus cuentas con los colaboracionistas y aquellos que se le oponen, por lo tanto, volviendo a tomar el control en el territorio.
La victoria militar en esta guerra es indiscutible para el Ejército israelí. Hamás ha sido la gran derrotada. Pero también lo ha sido el pueblo palestino. La Franja de Gaza se ha convertido en un montón de ruinas y encuentro que es muy difícil mantener que Hamás haya conseguido ningún triunfo. La suspensión de la firma del Acuerdo de Abraham por parte de Arabia de Saudita cuando empezaron los bombardeos, después de la Cumbre de Sharm el Sheij, donde asistieron la mayoría de los Estados árabes, puede replantearse. Pero es que además esta guerra ha tenido unas implicaciones regionales nunca vistas no menos importantes con operaciones de inteligencia y campañas de bombardeos. Israel llevó un plan de decapitación sobre la milicia de Hezbolá en El Líbano, llevó a cabo un plan de decapitación sobre la Guardia Revolucionaria y las instalaciones nucleares de Irán, castigó duramente a los hutíes de Yemen, fue uno de los instigadores del levantamiento de las milicias suníes en Siria que hicieron colapsar el régimen baazista, y llegó incluso a matar a los negociadores de Hamás cuando se encontraban en Qatar. Podemos decir que todo el Eje de la Resistencia, con su adscripción chiíta y conectado con la República Islámica de Irán, fue destruido o dañado contundentemente. Sin embargo, Israel también volvió a ver la guerra muy de cerca en sus ciudades tras el lanzamiento de misiles desde Irán y el Yemen. Hubo un momento en que se estuvo muy cerca de una gran escalada, que fue finalmente abortada por Donald Trump, cuando ordenó el bombardeo quirúrgico de algunas instalaciones nucleares iraníes. Esto efectivamente, sumando a los bombardeos iraníes fue un duro golpe para Irán, pero nada indica que su programa nuclear haya sido neutralizado.
La victoria política, sin embargo, no queda nada claro que sea para el Estado de Israel. Si el objetivo era erradicar Hamás, esto no ha sucedido, y si era la expulsión de todos los palestinos hacía otros países, para acto seguido incorporar el territorio a Israel, tampoco se ha producido. De hecho, el plan de Donald Trump establece que los palestinos se podrán quedar en la Franja, y que una fuerza multinacional, compuesta por fuerzas árabes y quizá turcas, será la que temporalmente controlará la seguridad en la Franja, hasta que los propios palestinos puedan hacerse cargo de esto mismo. No menos importante es también que si bien la inmensa mayoría de israelíes apoyan a sus fuerzas armadas, decenas de miles han salido a las calles a protestar para que se liberaran los rehenes y se terminara con la guerra. En la escena internacional, como veremos acto seguido, ha habido un replanteamiento de las relaciones con el Estado de Israel.
Porque, efectivamente, la victoria moral fuera de Israel se ha perdido completamente. La mayoría de estados condenaron los atentados del 7 de octubre de 2023, aceptando durante meses el consabido derecho del Estado de Israel a defenderse, que tantos problemas ha traído a lo largo de la historia del conflicto, pero la desproporción en la respuesta, más parecida a un castigo colectivo o un extermino, ha llevado a muchos estados a un replanteamiento: se ha condenado esta desproporción; se ha expresado por parte de algunos estados, entre los que se encuentra España, que Israel está llevando a cabo un genocidio, porque está matando a palestinos por el simple y llano hecho de serlo y de encontrarse en la Franja; también se ha procedido a cancelar los acuerdos de compra y venta de armamento por parte de algunos Estados, que además han pedido suspender el Acuerdo de asociación con la Unión Europea. Finalmente, el reconocimiento de un Estado palestino por parte de muchos estados que hasta ahora no se habían pronunciado, es algo simbólico, pero es una forma clara de decirle al Estado de Israel que no estamos de acuerdo con su proceder.
No, no es plato de buen gusto ponerse a comer mientras por la televisión vemos que los bombardeos israelíes destruyen hospitales y escuelas matando a niños. Estas imágenes han golpeado a muchas personas en todo el mundo que han llevado a cabo manifestaciones en contra de la guerra y el genocidio en Palestina, un hecho que ha movilizado finalmente a las formaciones políticas. La puesta en marcha de flotillas de barcos con ayuda humanitaria hacia la Franja, neutralizadas sin la menor complicación por la Marina israelí, ha cumplido un efecto propagandístico en los medios de comunicación. Esta movilización y también crispación ha llegado hasta el punto de que algunos israelíes, e incluso judíos que no lo son, en occidente han sido cuestionados e increpados. Una excepción que no obstante confirma la regla que nos dice que el relato de Israel como víctima universal y eterna, por mucho que haya quién justifique lo injustificable, se ha desmontado completamente.
Y es que esto último ya va siendo hora de que se deje claro. El pueblo judío a lo largo de su historia, y muy específicamente, los judíos europeos en pasado siglo, fueron maltratados y sufrieron un genocidio por parte de los nazis del Tercer Reich. Pero nada de esto justifica ni la creación del Estado de Israel, ni tampoco su terrible pasado es una carta blanca para que este Estado haga lo que quiera en contra de los palestinos o con quién se enfrenté. Esa propia historia del pueblo judío fue levantada por el Estado de Israel como hecho fundacional, y como refugio para todos los judíos del mundo, pero sin importar las consecuencias hacia los demás. Nada de esto debe justificar el omitir el daño hecho hacia ellos en el pasado, pero tampoco el uso de la memoria para unos fines por parte de un Estado que hoy nada tienen que ver.
Hay quién sostiene, como Donald Trump, que los conflictos armados pueden resolverse en un momento con una llamada de teléfono, y otros, como el periodista Tomás Alcoverro, que mantienen que, quién sepa cómo resolver este conflicto entre palestinos e israelíes, no lo ha llegado a comprender. Mi postura, solo avalada por dos décadas de estudio del conflicto, es que sí existen soluciones, la solución tan traída de los dos Estados me parece la más correcta, pero mientras no se pongan todas las cartas encima de la mesa este conflicto no va a resolverse y cómo hemos comprobado tiene un alcance regional y global: el plan de Donald Trump nace muerto pero la otra alternativa, la de no hacer nada por la complejidad del conflicto, que algunos masoquistas quieren retrotraerla hasta la ocupación de la Palestina histórica por parte del Imperio Romano, es la que nos ha llevado a la situación actual. Muchos sostendrán, porque no conocen la historia, o no les interesa hablar de este asunto, que en el mundo existen muchos conflictos armados sin resolver, muchas matanzas, pero creo que después de 78 años, por un imperativo ético, no debemos abandonar una vez más a los que lo sufren día tras día.
Francesc Sánchez – Marlowe. Barcelona.
Redactor, El Inconformista Digital.
Incorporación – Redacción. Barcelona, 29 Octubre 2025.
