La Historia Económica es necesaria – por Francesc Sánchez
No es que estos procesos históricos quiten valor a los que quedan definidos por los períodos políticos y sociales, sino que los complementan y facilitan su explicación. Hoy hablamos de la globalización económica, la liquidación del mundo basado en reglas, o la lucha por las fuentes de energía, y para entender bien estas realidades hemos de conocer los procesos políticos y sociales que los han hecho posibles, pero cómo veremos son inseparables de los procesos económicos, son por decirlo así las dos caras de la misma moneda.
La Revolución Industrial fue, después de la Revolución Neolítica, el gran proceso económico que lo transformó todo. Para llegar a entenderla hay que sentar unos antecedentes que ya aparecen en la primera expansión europea del Renacimiento, cuando algunos Reinos medievales exploran el resto del mundo y establecen sus respectivos enclaves comerciales, y posteriormente sus colonias, tanto las de extracción como las de población. Pero esto mismo habían estado haciendo también los Imperios asiáticos desde hacía mucho tiempo, de hecho, dominaban las manufacturas, la diferencia es que entre el siglo XVIII y el siglo XIX se produce la Gran Divergencia, el proceso histórico por el cual algunos Estados europeos crecen económicamente por encima de los demás. Y esto fue posible por las innovaciones tecnológicas como la máquina de vapor y el uso del carbón como combustible, el acceso a los mercados coloniales para la extracción de materias primas, y la creación de fábricas en Europa para la producción de manufacturas, entre ellas las del textil que en Inglaterra fue capital, pero que también en Cataluña tuvó un importante papel. Pero también por el trabajo de los esclavos extraídos del continente africano que fueron enviados a América para trabajar en las grandes plantaciones de algodón, caña de azúcar, tabaco, café, cacao, y otros productos. En este proceso la creación de instituciones fuertes en los Estados europeos, que surgirán después del Ciclo Revolucionario Atlántico, cubierto ideológicamente por los filósofos de la Ilustración, que también aportaron lo suyo en la difusión de los conocimientos que hizo posible esta Revolución Industrial, afianzaran el Estado liberal y la democracia representativa, en la que participaran progresivamente los obreros, organizados en los primeros sindicatos, siempre temidos por las clases económicamente superiores por su potencialidad revolucionaria, sometidos a obligaciones pero también obteniendo derechos.
Todo esto fue tan decisivo que la población europea en función de las mejoras en la producción de alimentos, la adopción de los avances científicos en la medicina, y la incorporación de las medidas de higiene, pasó de un régimen demográfico antiguo en el que las crisis de subsistencia eran letales a uno de nuevo, en el que después de un transición demográfica con un crecimiento increíble de la población, que en parte explica las grandes migraciones hacía América, se estabilizó a otro con pocos nacimientos pero más asumibles.
Una vez explicado todo esto entenderemos mejor el porque estos mismos Estados europeos hacia mediados del siglo XIX compiten entre si levantando Imperios para apoderarse del resto del mundo. El caso quizá más paradigmático fue lo que llamaron la Puja por África por la que los europeos reconocieron mutuamente sus respectivas colonias en el Congreso de Berlín entre 1884 y 1885. Suele mencionarse a Stalin como un criminal por las purgas entre 1936 y 1938, también por las hambrunas a raíz de las colectivizaciones agrícolas forzadas, entre 1929 y 1933, pero no tanto que el Imperio británico al destruir la industria textil de la India para ofrecer sus manufacturas, condenó a millones a la muerte por inanición en diferentes hambrunas entre 1770, 1876, y 1943. Sabemos que el mundo estalló por los aires en la Gran Guerra entre 1914 y 1918, y después del hundimiento de los Imperios centrales europeos y la eclosión de la Revolución Rusa, todos sucumbieron con la crisis financiera de 1929 y el fracaso del orden liberal en Europa. Momento que fue aprovechado por los nazis para ascender al poder, y transformar el Tercer Reich, primero una vez más en una máquina industrial y luego en una fábrica de la muerte, que llevaría de nuevo al continente al desastre entre 1939 y 1945. El mundo desde entonces entró en un estado de reflexión, de renovación y cooperación, en el que los que no habían sido nada se emanciparon, también, efectivamente repartido entre dos bloques en fricción, amenazados mutuamente por la bomba atómica, hasta que los soviéticos deciden desaparecer.
En términos económicos todas las enseñanzas de la Postguerra en donde el papel del Estado tenía un papel fundamental en la economía, con el milagro de la recuperación y la bonanza económica como nunca antes se había visto, después la desvinculación del dólar del patrón oro llevada a cabo por Nixon en 1971 por el déficit comercial y el gasto en la Guerra del Vientan, sumadas a la crisis del petróleo de 1973, fueron dilapidadas por los neoliberales anglosajones con el adelgazamiento del Estado y las políticas desreguladoras, provocando un nuevo crecimiento económico —fue el momento en el que aparece el término de la globalización financiera—, pero también incrementando las desigualdades sociales. Hoy el mundo que contemplamos con la impugnación del orden de 1945 y la desmemoria de la Guerra Fría por aquellos que lo crearon, frente a la ascensión de nuevos actores en la escena mundial, como China y la India, que han sabido aprovechar bien el signo de los tiempos, industrializándose con su propio modelo de desarrollo, puede que nunca tantos hayan vivido tan bien, pero se asemeja más a aquel mundo de mediados y finales de siglo XIX en el que los Imperios luchaban entre si para apoderarse de los recursos del resto mundo. De ahí que Vladimir Putin lleve cuatro años de guerra en Ucrania impasiblemente, y Donald Trump con su política coercitiva hacía Venezuela recuerde mucho a la política de las cañoneras del Imperio británico sobre China, cuando este le impuso sus tratados comerciales después de las Guerras del Opio entre 1839 y 1842. Esto es la Historia Económica, cómo vemos inseparable del resto de la historia, y por lo tanto necesaria para entender el pasado y el mundo en el que vivimos.
Francesc Sánchez – Marlowe. Barcelona.
Redactor, El Inconformista Digital.
Incorporación – Redacción. Barcelona, 25 Febrero 2026.
