El tercer hombre de Carol Reed. Una herramienta para la historia – por Francesc Sánchez


 Quiero hablarles de la película El tercer hombre de Carol Reed, creada en 1949 bajo el guion de Graham Greene, que posteriormente lo adaptó en su novela, y algo más, unas cuantas palabras sobre la historia europea de postguerra y una reivindicación del cine para entretenernos, pero también como una poderosa herramienta para comprender nuestra historia. De esta forma esta película de cine negro, con las actuaciones de Joseph Cotten, Alida Valli, Trevor Howar, y Orson Welles, entre otras, con sus respectivas pequeñas historias entrecruzadas, nos permite comprender esa gran historia que no es otra que la posguerra después de la Segunda Guerra Mundial, que afectó a millones de personas en uno de los peores momentos para todos en el continente, pero quizá, también, aunque no lo percibieran así en su momento, más esperanzadores, si contemplamos que fue la guerra, y cómo se transformó Europa cuando superó este periodo histórico.

Hitler ha muerto y el Tercer Reich ha sido derrotado. Europa ha sido destruida. Literalmente demolida piedra sobre piedra. Millones de personas han muerto. Millones de personas desplazadas vagan por un continente en ruinas intentando sobrevivir en unos países a los que se les ha cambiado sus fronteras y tienen un presente incierto. Los Aliados han ocupado todo el territorio que previamente ocupaban las fuerzas de los nazis, y en el caso de Alemania y Austria las han dividido en cuatro zonas administradas por los Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y la Unión Soviética. El hambre y la falta de lo fundamental para la vida ha hecho que muchos pasen a trabajar en cualquier cosa. Se ha generado una economía informal en la que el mercado negro es el lugar en donde comprar, vender, o intercambiar lo que no proporciona la cartilla de racionamiento. En este contexto de postguerra, en el que el caos administrativo es total, algunos han cambiado su escala de valores, y han cruzado la línea que separa el bien del mal para obtener beneficios. Viena es el escenario que hoy aquí nos convoca, las luces y sombras la ambientación, la música de una citara tocada por Anton Karas nos acompaña en todo momento, y nuestro hombre maldito es Harry Lime.

Nuestro héroe por el contrario es un escritor de novelas baratas del Oeste que no tiene un dólar pero que mantiene su moral intacta, sabiendo diferenciar entre el bien y el mal, pero estas convenciones en esta ciudad se han difuminado. Todo se inicia cuando Holly Martin es llamado a Viena por su amigo con la promesa de la obtención de un trabajo, sin embargo, nada más llegar le comunican que Harry Lime ha muerto atropellado, y sus expectativas desaparecen. La ciudad está ocupada y dividida en una serie de sectores por parte de los Aliados, y el centro histórico es transitado por las patrullas conjuntas de policías militares formadas por un norteamericano, un británico, un francés y un soviético. Anna Schmidt no puede creer que su amigo haya muerto, fue su protector, quizá su amante, y ahora con su desaparición su situación legal irregular, cómo lo fue para la mayoría de los civiles desplazados que huyeron de la guerra, le amenaza con la deportación. Nadie quiere Holly Martin permanezca en esta ciudad, él como los ocupantes, es un cuerpo extraño que hace preguntas inoportunas. Pero todo dará un giro inesperado cuando un portero le dice a nuestro protagonista que escuchó el momento del atropello, y presenció no solo a los dos amigos de Harry Lime llevando su cuerpo, sino también un tercer hombre. Holly Martin informa a la policía militar de este testimonio, pero no le hacen mucho caso, hasta que el susodicho portero es hallado muerto. Tiene tanta mala suerte nuestro héroe que un niño, salido entre la multitud de curiosos, le acusa del asesinato. Horas después se da cuenta que alguien le sigue. Esta misteriosa persona, escondida entre la penumbra en el umbral de una puerta, cuando alguien enciende una luz en una casa cercana, queda al descubierto: no es otro que Harry Lime. Nuestro héroe le sigue por las calles, pero desaparece una vez más como por arte de magia.

Si hasta ahora la película ha sido una reconstrucción de lo que le había podido pasar al amigo de Holly Martin, dominando sus vidas desde la muerte, desde ese momento la presencia de Harry Lime es como la materialización de un fantasma. Harry Lime se ha pasado al lado oscuro, ha estado sacando provecho de las estrecheces económicas de los vieneses con el estraperlo de todo tipo de productos en el mercado negro. Se lo dice él mismo a su amigo Holly Martin, muy gráficamente desde una cabina de la Noria del Prater, cuando, después de hacer un descargo de conciencia y responsabilidad acusando a los Estados de haber perdido toda moral con la guerra, endiosado, menciona a las personas que hay abajo como meros puntitos que se pueden parar a cambio de la obtención de una elevada suma, y también en su fría comparación de las ciudades estado italianas del Renacimiento bajo el terror de los Borgia, elevándolas por encima de los quinientos años de la democracia en Suiza que solo aportaron el reloj de cuco. Esto para Holly Martin es muy difícil de aceptar y la idea que tenía de Harry Lime como una persona con valores y principios se rompe en pedazos, sin embargo, no está dispuesto a traicionarlo, hasta que las pruebas que le ofrece el Major Calloway sobre los efectos de los turbios negocios de su amigo son tan contundentes que decide colaborar. El resto, y en realidad todo lo que he escrito hasta ahora, porque nada puede substituir aquello de lo que se habla más que comprobándolo por uno mismo, lo tendrán que descubrir viendo la película.

Austria recupera finalmente en 1955 tanto su autogobierno como la democracia, se incorporará al sistema económico de mercado, con un fuerte Estado del Bienestar, pero su soberanía, que también la recuperará, estará condicionada a la neutralidad por deseo de Iósif Stalin, quedando al margen de la seguridad colectiva de buena parte de Europa, que en 1949 se incorpora a la Alianza Atlántica y en 1955 al Pacto de Varsovia. Ahí tenemos la división de Europa en dos bloques en el contexto de la Guerra Fría con su máximo exponente en lo que sucedió en Alemania, que nada más terminar la guerra perdió territorios en favor de Polonia y la Unión Soviética, y que con el desacuerdo entre norteamericanos, soviéticos, y también los lideres políticos de la zona ocupada por los occidentales, provoca la escisión del país en 1949, dando como resultado la República Federal, y después la República Democrática, donde se encuentra Berlín, dividida a su vez administrativamente en cuatro sectores, y físicamente desde 1961 por el famoso muro de la vergüenza. Esta situación se mantendrá hasta que Mijaíl Gorbachov trae la libertad a sus Aliados, o se desentiende de ellos según lo interprétemelos, y en 1989 cae el muro de Berlín: dos años después el Pacto de Varsovia se disuelve y la propia Unión Soviética firma su acta de defunción. Alemania se reunifica, incorporándose todo el territorio en la OTAN y en la Unión Europea. Todos aquellos países que estaban al otro lado del telón de acero, viviendo durante décadas el socialismo real bajo la estrecha observación del Kremlin, se incorporaran en ambas organizaciones. En cuanto a Austria se integra en la Unión Europea en 1995, pero sigue manteniéndose neutral fuera de la Alianza Atlántica.

Después de todo un final feliz, o quizá no tanto, visto lo que hoy sucede en Ucrania, con muertes, desplazamiento de personas, y nuestra ruptura en la relación como europeos y occidentales con una Rusia restituida, con la vuelta al campo de batalla, aunque mueran solo ucranianos y rusos. De momento, porque el rearme europeo es una evidencia, hay llamamientos a los jóvenes hacía la milicia, y el pronóstico, cuando no parece existir la voluntad de llegar a acuerdos de ningún tipo, es malo. Puede que sea, precisamente por el momento que vivimos, que el ver esta película, nada amable por lo que cuenta, pero con cierta ironía y tan bien contada, es más necesario que nunca para comprender cómo puede terminar todo: de hecho, esa Viena que nos trae Carol Reed podría ser hasta mucho más afortunada y apetecible que Kiev en los próximos años. No me cabe la menor duda de que los Harry Lime de hoy ya están ahí y me temo que nadie les persigue.

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En unas breves palabras sobre cinematografía debemos decir que El tercer hombre de Carol Reed, forma parte del film noir, termino que hicieron propio los franceses al llegarles el cine norteamericano de las películas de delincuentes y detectives privados, como El halcón maltés de John Huston, 1941, El sueño eterno de Howard Hawks, 1946, o Cayo Largo, también de John Huston, 1948, pero también, con la filmación en ángulos oblicuos inquietantes, y el juego constante con la luz y la oscuridad, tiene influencias del expresionismo alemán, con películas como M, el vampiro de Düsseldorf de Fritz Lang, 1931, y el neorrealismo italiano con Roma, ciudad abierta, 1945, y Alemania, año cero, 1948 de Roberto Rosessellini, la primera bajo la ocupación alemana, y la segunda compartiendo el tanto la ocupación como el contexto de la postguerra. Hay que decir también que Carol Reed con Se interpone un hombre, 1953, vuelve una vez más a la posguerra, esta vez en el Berlín en plena guerra fría.

Por si visita Viena puede encontrar todas las localizaciones de la película y hasta hacer un tour bajo el subsuelo por las cloacas.

Francesc Sánchez – Marlowe. Barcelona.
Redactor, El Inconformista Digital.

Incorporación – Redacción. Barcelona, 18 Noviembre 2025.


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