Cuarto viaje al corazón de Europa – por Francesc Sánchez
Llega el verano y necesito moverme. Dejo atrás un año en el que he llevado a cabo algunas cosas interesantes satisfactoriamente, pero también en el que algunos propósitos han salido mal, por falta de suficientemente preparación o por una mala elección, y también por cuestiones que escapan a mi competencia. De ahí que en piloto automático me dirija de nuevo hacia el corazón de Europa cumpliendo la máxima de que toda persona debe tener un lugar donde ir. Por segunda vez exploto el recurso del tren de alta velocidad desde Barcelona hasta Paris, desde donde tomaré otro tren de alta velocidad hasta Estrasburgo, ciudad en la que me alojaré siete días, y desde la que me desplazaré para investigar nuevos lugares de esta bella región que es la Alsacia, y un poco más allá.
Si decides viajar con un billete Interrail tienes que hacer la reserva de los trenes de largo recorrido, y a no ser que quieras jugártela en una estación de un país extranjero, deberás probar suerte en la página web de Interrail. Mi consejo es que lo hagas con un tiempo prudencial si quieres encontrar un asiento libre, y no reserves todos los viajes de golpe porque si te lo piensas demasiado la aplicación te los puede anular, y deberás volver a empezar todo el proceso. Una vez que has hecho estas reservas ya estás listo para reservar el hotel, albergue, habitación de un particular, o lo que decidas elegir. Cuando ya lo tengas preparado sólo te queda hacer los planes e informarte de todos aquellos lugares que tienes cierta idea de visitar: un Interrail es improvisación, porque nunca sabes que es aquello que te va a ocurrir, pero recuerda que la mejor improvisación es aquella que se prepara. Llega el día de partir y por experiencia propia sé que he de estar una hora antes en la estación para pasar mi equipaje por el espacio de seguridad, y luego aguardar la activación de una cola que no será inferior a media hora.
El viaje en el TGV inOui, pese a durar la mitad de tiempo que el Intercités de Nuit, es una prueba de resistencia. Pero quién quiere algo, algo le cuesta. Recientemente se ha iniciado un incendio el macizo de Corbières del Departamento de Aude, en territorio cátaro muy cerca de Narbona, que arrasará durante una semana 16.000 hectáreas y que será el más importante desde 1949, pero contrariamente al que hubo hace dos años este no afecta a la línea de ferrocarril. Tengo doble compañía femenina en mi asiento de al lado, pero no puedo decir mucho más al respecto. También recuerdo los chillidos y ruidos que hacia un niño pequeño sentado con sus padres unos metros más allá sin que apenas hicieran nada al respecto. Insoportable. Llego a la Estación de Gare de Lyon de Paris sobre las cuatro y media de la tarde, y lo primero que hago es sacarme un billete para el metro, he de ir a la estación de Gare de L’Est para tomar el tren hasta Estrasburgo. Esta vez me hago con una tarjeta recargable en la que cargo dos viajes, el que usaré ahora, y de la vuelta. El anterior año tomé la línea 14 hasta y en Chatelet cambié a la línea 4 hasta la estación, pero esta vez las obras por el cambio de railes y mi anticipación a problemas, me hacen tomar la línea 1 hasta Bastille, y luego 5 hasta Gare de L’Est. En esta estación busco donde comprar mi bocadillo de salchichón, pero compruebo que lo han quitado de circulación, así que decido cenar en el restaurante del hotel. Sin complicaciones, después de que comprueben mi billete dos veces, llego a Estrasburgo. Está anocheciendo, empieza a llover, hace fresco, me dirijo a la parada del tranvía de Faubourg National que está atiborrada de gente esperando. Este rincón de la ciudad cómo lo son muchos también en Paris, es multicultural, y la barriada es un batiburrillo de comercios, etnias, y lenguas diferentes, de personas que van a hacia un lado y otro. Llego al hotel y me encuentro en la recepción con uno de los trabajadores que conozco, el más joven, ha aprendido algo de castellano, lo conozco de otras ocasiones y es muy buen tipo. Después de dejar mi equipaje en la habitación bajo a cenar, poco rato después subo a mi habitación y me duermo casi al momento en la cama.
Por la mañana me encuentro con el trabajador más veterano en la recepción y después de darle vueltas sobre si acercarme a uno de mis destinos, decido que este va a ser uno de mis días de descanso en Estrasburgo, pero todos nos engañamos fácilmente. Son cerca de las nueve y media de la mañana y avanzando por la Gran Rue con la llamada de las campanas al servicio religioso, después de comprobar cómo las patrullas militares en silencio, pero cada vez más numerosas, hacen acto de presencia, llego a la Catedral de Notre-Dame de Strasbourg. Decido no entrar, pero al doblar la esquina veo un grupo de gente y me acerco: se trata de la ascensión al templo. Ni corto ni perezoso decido subir por las escaleras hasta la azotea, un buen ejercicio con muchos escalones, que será un anticipo de lo que me espera durante toda esta semana. Arriba puedes ver una panorámica impresionante de la ciudad, y también una rosa de los vientos que te indica la posición de muchas ciudades europeas, incluida Madrid. Desde lo alto oigo música de instrumentos musicales por ahí abajo, esto me recuerda a lo que comentó el trabajador del hotel más veterano. Al bajar desde la Plaza del Castillo compruebo lo alto que he subido, y me fijo también en una composición escultórica, entre la Catedral y el Museo de esculturas, se trata de un homenaje a los constructores de catedrales, con un medio hombre y medio gárgola, sosteniendo un martillo con un mano, y con la otra sobre una piedra en forma de cubo con inscripciones, cerca el compás, más allá un pico, y la escuadra, todo sobre piedras, desde la que se abre paso una planta con sus ramificaciones, y en primer plano las marcas de estos constructores.
Me voy con la música a otra parte y me dirijo a la Plaza Gutenberg, resulta que cada domingo sobre las diez hay bailes tradicionales, algo así como las Sardanas de mi tierra, en los que podemos ver como parejas de hombres y mujeres vestidos con el traje típico alsaciano bailan al ritmo de una orquesta real, cómo las de antes, a los que vale la pena asistir. No he encontrado las paradas de libros. Necesito agua embotellada, así que me hago con seis botellas en un supermercado, y vuelvo al hotel para dejarlas en mi habitación. Hoy quiero comer en un Kebab y el trabajador del hotel más veterano me recomienda el Akabe, y ahí me dirijo, pero luego descubro que en el Google Maps lo han intercambiado por otro, y el verdadero cómo compruebo en otras ocasiones al pasar a bordo del tranvía está cerrado. Esta salida es importante porque reconozco a pie el barrio de Laiterie. Como quiero cenar en el centro vuelvo a pillar el tranvía y después de comprobar que el famoso puesto de salchichas de la parte vieja ya no las vende, decido sentarme a comer en un restaurante de la Gran Rue. La cerveza es refrescante pero la Tarte flambée que me traen no tiene calidad, está poco hecha y se enfría rápido. A mi regreso al hotel mantengo una conversación animada con el trabajador más joven y descubrimos que los dos hemos leído a Phillip K. Dick, ha leído incluso el voluminoso volumen de La Exégesis, que yo adquirí muy poco antes de mi partida.
Me levanto temprano y desayuno, mi objetivo es acercarme al pueblo de Obernai. Tomo el tren TER con dirección a Barr, es el mismo que te acerca al modesto aeropuerto de Estrasburgo. El centro está cerca de la estación. Visito la Oficina de Turismo para situarme, pero aquí las distancias no son largas, y lo que hay que ver en el pueblo está cerca. Lo que primero te va a llamar más la atención es la alta Torre de Obernai junto al Ayuntamiento, también conocida como Beffroi o Kapellturm, que fue construida en el siglo XIII y era el campanario de la capilla de la Virgen, que fue destruida en el siglo XIX. Hay una iglesia interesante en la que una estatua de Monseigneur Freppel te da la bienvenida, se trata un eclesiástico y político que se opuso frontalmente al Kaiser Guillermo I por la anexión de la Alsacia y la Lorena después de la Guerra Franco Prusiana entre 1870 y 1871. Cuando sales te encuentras con un monumento a los Hijos muertos por la Patria. Este tipo de monumentos conmemorativos son muy comunes en Francia y hoy te viene a la cabeza el lugar donde más personas han muerto recientemente por la patria. En cualquier caso, si este pueblo es conocido, aparte de su belleza, sobre todo es por Santa Odilia que es la patrona de la Alsacia. Podemos encontrarla en unas esculturas en lo más céntrico del lugar, y también en la Iglesia. Odilia nació en esta villa en el siglo VII, siendo hija del duque Ético-Adalrico I, y se le atribuye la fundación del Monasterio de Hohenbourg, en un monte a unos kilómetros del pueblo donde fue enterrada y que lleva su nombre. La leyenda nos cuenta que su padre esperaba un varón como heredero y al nacer Odilia cuando descubrió que era ciega fue rechazada. Su madre para evitar su muerte la envío con su tía al Monasterio de Palma (en nuestros días Baume-les-Dames) donde fue protegida, pero sin ser bautizada. En este lugar a los quince años tiene un encuentro con un obispo irlandés, Erhard de Ardagh, mientras viajaba por Renania, que después de tener una visión decide bautizarla. El obispo le rozó los ojos con el óleo sagrado y milagrosamente la niña recuperó la vista, siendo bautizada, precisamente con el nombre en latín de Odilia, que según la leyenda significa, luz de Dios. Se cuenta que Odilia hizo varios milagros con enfermos y por esa razón el Papa Leon IX, que era de origen alsaciano, la canonizó como santa en algún momento entre el 1049 y 1054, posteriormente el Papa Pio XII, en 1946, la proclamó como la patrona de Alsacia. Odilia desde entonces es invocada para la curación de enfermedades oculares y rivaliza en esta misión con Santa Lucia de Siracusa. En tiempos relativamente recientes circuló entre los soldados franceses en la Gran Guerra un texto anónimo en latín traducido al francés conocido como La profecía de Santa Odilia en donde se anunciaba la derrota de Alemania. En la Segunda Guerra Mundial este texto volvió a circular. Cerca del pueblo hay mirador con una cruz, pero el verdadero Monte Sainte-Odile se encuentra a unos ocho kilómetros de Obernai en las profundidades de los Vosgos. En mi visita a Obernai no visito el Monte Sainte-Odile pero en cambio me llevo una botella de vino alsaciano, una asignatura pendiente de algo muy común en esta tierra, pero también muy significativo y característico. Si visitas la Alsacia debes de probar su excelente vino.
A mi regreso dejo la botella en el hotel, y vuelvo a salir para comer en el restaurante de comida rápida frente a la estación, y desde allí me dirijo andando al Museo de Vudú. En este museo, que se encuentra en una torre de agua de cuatro pisos construida durante el dominio alemán entre 1878 y 1883 por el arquitecto Johan Eduard Jacobsthal para abastecer de agua a las locomotoras de vapor, podemos encontrar la colección privada de objetos de esta temática de África Occidental más importante del mundo. El vudú es un cuerpo de creencias y prácticas religiosas que plantea que este mundo y un mundo invisible, donde se encuentran ancestros, espíritus, dioses y otras fuerzas, que influyen en la vida de las personas, están unidos. En este museo puedes encontrar objetos utilizados en el culto a los antepasados, la medicina, las artes adivinatorias, la brujería, y otras ceremonias, formando una muestra de la recopilación de más de 1.500 objectos que llevó a cabo Marc Arbogast por Ghana, Benín, Togo y Nigeria. Me interesan especialmente los objetos relativos a la esclavitud, especialmente unas canoas llenas de esclavos. Desde principios del siglo XVI y finales del siglo XIX, alrededor de 12,5 millones de seres humanos fueron extraídos del continente africano, precisamente desde el Golfo de Guinea, para ser enviados a las plantaciones caribeñas y americanas. El museo tiene piezas impactantes, pero te tiene realmente que interesar lo que vas a ver, si no, sobre todo por su precio (14 euros), encuentres que te sabe a poco. Tienes la posibilidad de utilizar una audioguía en tu idioma, el español está incluido, pero eché de menos más plafones explicativos, y porque no, un guía real, pero este deberás pedirlo previamente si has logrado formar un grupo de ocho personas. Hago una caminata hasta el hotel. Más tarde vuelvo al restaurante Kebab del día de antes. En esta ocasión recuerdo que entra un hombre con un gigante con la lengua sacada hacia afuera permanentemente.
Mi destino hoy es el pueblo de Eghisheim, está muy cerca de Colmar, y el autobús lo tomas en la misma estación de tren. Cómo el próximo pasa media hora después de las doce del mediodía, decido que es un buen momento para visitar el centro de Colmar. Las casas de colores con flores, promovidas por la autoridad local y conservadas por sus dueños, y el canal que conforma la Pequeña Venecia, siguen estando donde siempre. Si dispones de pocos días para visitar la Alsacia, Colmar no debes perdértelo. Me tomo un café en una cafetería y me dirijo a la parada de autobús de al lado del Museo de Unterlinden, pregunto a una mujer de avanzada edad qué autobús me va mejor para llegar a la estación, pero no tengo éxito, porque no tiene ni idea de inglés y no tenía ninguna intención de ayudarme. No pasa nada porque compruebo que todos pasan por la estación y en un momento llego. Tengo que esperar aún un buen rato bajo un sol de justicia por lo que compro una botella de agua de un litro. En la parada para estos autobuses interurbanos lo que más hay son turistas que quieren visitar estos pueblos, como el Eguisheim, Ribeauvillé, o Riquewihr, que están igual o más despistados que yo, y eso te lleva hasta confraternizar con ellos y ayudarles. El billete de autobús te cuesta 4 euros, pero puedes regresar también con el mismo, te marcan cuatro horas como límite. Pronto vemos el pueblo alzado levemente en la montaña y en un momento llegamos.
Este pueblo de Eguisheim me recuerda mucho a Riquewihr pero es más agreste. La peculiaridad es que, en su centro, en la parte más vieja, la calle principal te llevará una y otra vez al mismo sitio, porque es circular. Casas de colores, empedrado, y lo que quieras encontrar a lado y lado. Es momento de comer algo y lo hago en un restaurante de la Plaza de Gaulle que ha dispuesto una terraza enfrente de un colegio cerrado por vacaciones. La Tarte flambée gratinada, la cerveza, y el café, están muy bien y el precio también. En Eguisheim tienes que visitar su iglesia Saints-Pierre-et-Paul, pero, sobre todo, muy cerca de allí, la plaza y la capilla de León IX, el Papa que como recordaremos canonizó a Odilia, y que nació en el año 1002 en este pueblo, que le dedica este lugar tan especial. Bruno de Egisheim-Dagsburg, es decir nuestro León IX, era hijo del conde de Alsacia, y por esa razón pariente del emperador Enrique III, fue obispo de Toul a los 24 años, y unos años después fue promovido para suceder a Dámaso II como Papa. Enrique III quería someter con este movimiento a través de León IX el pontificado al Imperio, pero este tenía ideas propias e impulsó un movimiento de reforma dentro de la Iglesia. Sin embargo, durante su pontificado en el año 1054 se produce un hecho más trascendental: las controversias teológicas entre León IX y Miguel I Cerulario de Constantinopla provocan el Cisma de Oriente que rompe la unidad de la Iglesia, y de ahí adelante podemos hablar propiamente de Iglesia Apostólica Romana, que se mantendrá en buena parte de Europa, incluso después de la Reforma de Lutero, y la Iglesia Ortodoxa oriental que se mantiene en Bizancio, luego Grecia y Turquía, y también Rusia, y en algunos países eslavos. Faltaba algo, por la parte de detrás de la capilla, encontramos otra estatua, es de un caballero, pero si prestamos más atención podemos comprobar que no tierne que ver mucho con la Edad Media, se trata de un recuerdo hacia las víctimas de las dos guerras mundiales, y todas las guerras en las que se ha visto envuelta esta villa.
Llega un momento que allí llaman de relax en el que la inmensa mayoría de establecimientos, sobre todo bares y restaurantes, cierran para retomar fuerzas, el problema es que muchos de los que esperamos el autobús de vuelta no sabemos qué hacer. Recordemos el sol y el calor justiciero. Finalmente, a las cinco de la tarde llega el autobús de vuelta, me sirve el mismo billete de ida y vuelta, y llegamos a la estación de Colmar. Pronto pasa el tren y llego a Estrasburgo, donde decido cenar algo en un restaurante de comida rápida muy conocido, y donde confirmo, después de pisar mal en el mismo escalón de hace dos años, que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.
Hoy mi propósito es ir a Basilea. El año pasado estuve en Mulhouse, y me quedé con las ganas, porque estaba a un tiro de piedra. Un tren TER desde Estrasburgo sale cada media hora hacia Basilea, y lo mismo en sentido contrario. Se da por entendido, pero apuntaré por si acaso, que en Basilea ya estamos en otro país, forma parte de un cantón alemán de Suiza, y tanto la moneda como el roaming del teléfono tiene sus propias peculiaridades: en lugar de euros utilizan francos suizos, y las llamadas incluidas en tu tarifa tanto para voz como para datos dejan de existir, pagas por lo que consumes, y a un precio muy elevado sobre todo para los datos. Es por así decirlo como visitar, esta vez sí, un país extranjero. De ahí que cuando el tren sale de Mulhouse quito los datos de mi teléfono para no llevarme ninguna sorpresa desagradable. En la Estación de Sant Louis puedes pillar un autobús que te lleva al aeropuerto internacional que está compartido por Basilea, Friburgo, y Mulhouse: esta es la alternativa que usan la mayoría de los turistas para conocer estas tierras. Puede que sea lo más práctico, pero llegar en tren forma parte del viaje, y probablemente de poner las cosas aún más fáciles a todos, con un gran aeropuerto en Estrasburgo, definitivamente impactaría sobre toda la región, terminado por masificarla. Suiza, aunque podamos tener una idea de país democrático e idílico con montañas verdes y vacas pastando, en donde sólo hacen chocolate o relojes de cuco, cómo decía Harry Lime en El tercer hombre, es también un país industrial, y al entrar en la región de Basilea puedes ver a lado y lado inmensas factorías. Por no hablar de su neutralidad y su sistema bancario. No han pasado a comprobar mi pasaporte, de hecho, en mi estancia en esta ciudad no he veré a ningún uniformado.
Basilea está llena de tranvías, que van de arriba para abajo, y no guarda -por así decirlo- la cuadratura del Eixample. Es un perfecto galimatías de calles. Salgo de la Bahnhof Basel SBB por la izquierda y busco el centro, andando hasta al Teatro, veo una gran iglesia, y más allá ya distingo lo que parece ser el casco histórico. En un rato llego a la Marktplatz donde se encuentra el Rathaus des Katon Basel-Stadt, es decir la sede del Parlamento Cantonal y el Gobierno Cantonal del Cantón de Basilea-Ciudad. Quizá es buen momento para decir que Suiza es una Confederación que tiene 26 cantones, que no son meramente divisiones administrativas, sino que por el contrario cada uno funciona como un pequeño estado con su gobierno, constitución, y con un alto grado de autonomía. En este país se habla alemán, francés, italiano, y romanche -este último hablado sólo en el cantón de los Grisones-, aunque la mayoría de los suizos conocen el inglés. En el Rathaus puedes entrar y ver los murales, y aquí parece que tienes vía libre para resolver tus asuntos con los funcionarios. En el patio interior puedes ver unos murales renacentistas que representan alegorías y escenas históricas, realizadas por Hans Bock el Viejo hacia finales del siglo XVI.
Quiero ver el río así que me decido a hacer una caminata. Me dirijo al puente más cercano, el de Mittlere Brücke, y paso por él hasta el otro lado, donde ando hasta una calle principal que llaman Clarastrasse. Desde ahí sigo perpendicularmente el río, encontrándome a mi paso la Iglesia de Theodorskirche, donde está ensayando una orquesta compuesta de niños, y desde ahí alcanzo otro de los puentes, esta vez el de Wettsteinbrücke. El calor es importante. No es que sea el mismo que en mi tierra, pero se deja notar. Desde este lado estoy cerca de la Catedral Basler Münster, es decir la Catedral de Basilea, que fue fundada en el año 1091, encima de un pretérito templo prerromano, terminada en el 1225, y ampliada varias veces. Inicialmente, cómo podréis suponer, fue un templo católico, pero desde la Reforma se convirtió en una Catedral reformada, donde se encuentran enterrados Erasmo de Roterdam y Jakob Bernoulli. Caminando por el claustro llegas a una gran terraza desde la que puedes tener una buena vista del río, los puentes, y la otra mitad de la ciudad. Un detalle, la entrada es gratuita. Hago una llamada y compruebo que el teléfono funciona perfectamente. Tomo la calle Freie, podemos decir que es la principal de la parte vieja, el suelo está impoluto, y certeramente junto a unos bancos circulares coronados por un árbol en medio, han colocado una papelera que incluye en cenicero encima. Me entra hambre y en un establecimiento callejero, como ese de los helados en muchos lugares, compro un Hot Dog con un refresco, que no está ni malo ni caro. Tener presente que si no habéis cambiado dinero en metálico cualquier compra que hagáis con tarjeta pagaréis su correspondiente -que no consecuente- comisión. Entro en una librería bien surtida y veo algunos títulos, pero no compro nada de momento. Los precios son más bajos que en España. Por si no lo había dicho hasta ahora, Basilea forma parte de un cantón alemán, y esa es su lengua, de ahí que la mayoría de los libros en esta librería estén en alemán.
Muy cerca de allí hay una Iglesia de grandes dimensiones llamada Offene Kirche Elisabethenque que me llama la atención y nada más llegar veo algo que me sorprende. Sobre la puerta principal encuentro la bandera arcoíris del movimiento LGTB con la frase: Gott ist (jede) Liebe! (1. Joh. 4,16) es decir ¡Dios es todo amor! En otra de las puertas un bar en frente de una pirámide. Decido entrar en el templo y veo que ha habido algún tipo de acto, creo que un concierto, dentro hay una serie de plafones informativos sobre algunos hechos de la historia de la ciudad. Decido investigar un poco más y según la Oficina de Turismo de Basilea, la Elisabethen es una Iglesia abierta, que
alberga desde desfiles de moda hasta comidas de empresa, mesas redondas sobre cuestiones de actualidad o sesiones de imposición de manos dirigidas por un religioso: la Elisabethenkirche, situada en el centro de Basilea, no es desde luego una iglesia al uso. Edificada entre 1857 y 1865 como primer templo evangélico de nueva construcción en Basilea tras la Reforma, constituye un punto de encuentro cultural para personas de cualquier origen, color de piel o religión. ¿Busca usted un lugar fuera de lo común para su próximo evento de empresa? La Elisabethenkirche se alquila periódicamente para banquetes, seminarios y reuniones de equipo.
¡Una autentica herejía!
Muy cerca de allí en la plaza del Teatro está la Fuente de Tinguely, en la que podemos ver una serie de máquinas estrambóticas ideadas por el artista Jean Tinguely que se mueven por el movimiento del agua en un estanque sin que parezca que tengan otro objetivo que el ser contempladas. Algunos aseguran que es una crítica al consumo de bienes que no tienen un uso claro, una finalidad utilitaria, estamos ante una fuente rara y extraña como ella misma. Necesito reencontrarme como historiador.
Me he propuesto visitar el Museo de Historia que se encuentra en la Barfüsserkirche desde 1894, así que ahí me dirijo hacia allí sin Google Maps ni historias, como se hacía antes. La entrada a la Barfüsserkirche, que originariamente fue una iglesia y un monasterio, puede resultar elevada, son 14 euros, pero el Historisches Museum Basel son tres museos, y por la misma entrada puedes visitar los otros dos, lo cual reparte mucho, y en realidad si te lo paras a pensar es muy económico. Este museo es increíble por lo que ofrece, puedes ver la historia de ciudad y la región desde la Prehistoria hasta el momento actual, desde esculturas medievales hasta máquinas modernas, y cuando crees haberlo visto todo te das cuenta de que, en el subsuelo, bajando por unas escaleras, sigue la historia a través manuscritos, tapices, relojes, y objetos de diferentes épocas. Como recurso útil me parece interesante que cada objecto, aparte de su plafón explicativo, tenga un código QR por el que a través de tu smartphone puedes obtener información en alemán, inglés y francés. Cuando lo veo todo decido ir al Museo Haus zum Kirschgarten, donde hay unas colecciones de relojes y otros objetos que hizo el tal Scheich Ibrahim, es decir el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt (1784–1817), que entre otras cosas encontró -es decir para los occidentales- las ruinas de Petra, viajó a la Meca y Medina, y descubrió también los templos egipcios de del faraón Ramsés II y Nefertari en Abu Simbel. Si tienes más ganas de ver más cosas, subes las escaleras y puedes ver como eran las habitaciones de los burgueses decimonónicos.
Decidido que ya es momento de ir volviendo. Pero antes me compro otro Hot Dog con su respectivo refresco, y visito de nuevo la liberaría y adquiero Faust de Goethe, compuesto por Urfaus, Faust I, y Faust II, y Sämtliche Erzählungen de Franz Kafka, es decir todas las narraciones, como veis en alemán, con la idea de que algún pueda leerlos. Nuevo rodeo y llego finalmente a la estación donde en el andén reservado para la línea que se dirige hacia Francia encuentro el tren TER hacia Estrasburgo. Jornada completa. Hoy decido cenar en el restaurante del hotel.
Me levanto y desayuno. Tengo ciertas ideas para hoy con destinos a los que llegar en dos trenes, pero finalmente se impone una visita sin complicaciones al pueblo alemán de Offenburg. Tomas el tren en la vía habitual, si no recuerdo mal la 25. Llegamos a Alemania, en la Estación de Kehl, el tren se detiene para los controles de seguridad fronterizos de la policía. Se pusieron en marcha el año pasado después de algunos atentados terroristas, pero también son utilizados para controlar los movimientos de los inmigrantes irregulares, o demandantes de asilo, que no tienen autorizado moverse más allá del país en el que han solicitado dicho asilo. En esta ocasión la policía no sube a mi vagón. Es la cuarta vez que paso por Offenburg, pero esto tiene truco, pues la estación de ferrocarril de este pueblo te permite conectar con muchos otros trenes alemanes que te llevaran prácticamente hasta donde quieras.
Me interesa especialmente su Museo de Historia, el Museum im Ritterhaus, que visite hace dos años, y en donde su encargada muy amablemente me dio un mapa de la Selva Negra, que en una pequeña parte aproveché ese mismo año visitando la fantástica Friburgo, y el pasado año con mi visita a Gengenbach en donde la lluvia y los horarios de cocina para el público alemanes me aguaron la visita. El museo se divide en seis grandes áreas temáticas permanentes y consolidadas: 1. la de Etnografía, reunida entre 1884 y 1917, por el fundador del museo, Carl Frowin Mayer, con una colección de objetos, compuesta de armas y objetos cotidianos sencillos, así como recuerdos y colecciones personales de funcionarios coloniales, personal naval, comerciantes y viajeros procedente de las antiguas colonias alemanas de África, Asia, Sudamérica y los Mares del Sur, 2. la Colección de trofeos de caza del matrimonio Hermann y Gretchen Cron, creada entre 1929 y 1939, con alrededor de 80 ejemplares de caza mayor, 3. la colección arqueológica con 500 objetos desde la Edad de Piedra hasta el periodo merovingio (siglos V y VII d.C), centrada en los romanos y los alamanes, 4. la de Historia Natural, establecida hace más de 100 años, con especímenes individuales de mamíferos autóctonos, y también aves y lagartijas exóticas, 5. la de Geología, con minerales y rocas de la región, incluidos también fósiles bien conservados del Carbonífero, y 6. la colección de Bellas Artes, con cientos de obras desde la Edad Media hasta la actualidad. Encontramos pintura barroca, de los siglos XIX y XX, y arte contemporáneo. En el museo además se encuentra unas colecciones en desarrollo de Historia de la Democracia, Historia de las Mujeres, e Historia de la Migración. Me resulto interesante la colección de periódicos y carteles desde el primer tercio del siglo XX hasta nuestros días. Desde aquí mi agradecimiento a una trabajadora del museo que, sin pedirlo, me estuvo dando unas explicaciones muy interesantes sobre lo que podía encontrar en este espacio, que vale la pena visitar.
En palabras del mismo museo:
El Museo im Ritterhaus se considera un factor clave en la política cultural municipal, impulsando el desarrollo urbano cultural y contribuyendo a la identidad de la ciudad gracias a su enfoque temático. El personal es consciente de la importancia social y económica de su labor: la cultura es un requisito previo para la acción democrática y el descubrimiento individual, pero también un importante factor de adaptación. El museo realiza actividades culturales en las siguientes áreas: educación y formación continua, actividades de ocio, historia y memoria, y turismo.
El museo recopila, investiga, preserva y documenta el patrimonio cultural de Offenburg y difunde la historia y la cultura de Offenburg en su relación con la historia y la cultura europeas y mundiales. El equipo del museo desarrolla programas de educación general, facilita el acceso a la información y promueve la comunicación. Se dirige a visitantes de todas las edades, grupos demográficos y nacionalidades. El personal trabaja de forma participativa, orientada a las necesidades, integradora, innovadora y flexible. El Museo im Ritterhaus observa y reflexiona sobre los contactos y la frecuencia de los visitantes, y realiza análisis de necesidades, por ejemplo, mediante encuestas específicas.
Toda una declaración de intenciones.
En Offenburg puedes comer por poco dinero en puestos callejeros o establecimientos de comestibles, donde te sirves tu mismo. Hay tres iglesias, una de camino a la estación, otra al otro lado de las vías del tren, cruzando un puente y que ya visité la otra vez, y otra que no conocía, pero encontré cerrada. Entonces me da por visitar el Der Salmen, Ort der Demokratiegeschichte, El Salmen, un lugar de historia democrática, que podríamos homologarlo como un memorial: te atienden bien y rápido pero el problema es que la visita también la haces en muy poco tiempo. La idea es buena, pero encuentro que faltan elementos y paneles explicativos, por mucho que puedas oír una audioguía en inglés. Puedes sentir que habiendo pagado te han estafado. Hay una sala de proyección donde puedes ver un documental, pero después de esperar un buen rato viendo que no empieza, decido ir a la recepción a decirlo, y una mujer de edad madura, me pone la película: el hilo argumental va sobre el recuerdo de unos alemanes judíos el 10 de noviembre de 1938, en la sala de la sinagoga del Salmen, que los nazis locales saquearon y destruyeron la noche anterior, la llamada Noche del Pogromo del Reich. Más atrás en el tiempo tenemos que en la Sala Salmen, el 12 de septiembre de 1847, se reunieron 900 personas para proclamar las 13 demandas del pueblo de Offenburg en el contexto alemán de la Revolución de Baden, y europeo de la Revolución de los Pueblos, que después del desastre de las tres guerras europeas, sumada a la Constitución de la República de Weimar de 1918, servirá de base para Ley Fundamental para la República Federal de Alemania de Postguerra de 1949, también conocida como Ley Fundamental de Bonn. El relato para la nueva Alemania es de éxito, es derrotada ciertamente en la Segunda Guerra Mundial, el país es dividido, llega incluso a perder territorios, pero deja atrás el nazismo, se adhiere a la OTAN, es fundadora de la Comunidad Económica Europea, se recupera económicamente, pone en marcha el Estado del Bienestar, y se reunifica, marcando el fin de los totalitarismos en Europa. Antes de irme veo que tienen ejemplares gratuitos de la Constitución, pero sólo en alemán, turco, árabe, y ruso-ucraniano, queda claro para quién se ha creado y va dirigido este memorial. Der Salmen, además es la Sede del Consejo Municipal de Offenburg. Investigando un poco descubro que la composición del Ayuntamiento del que es alcalde Marco Steffens hasta el año 2029 es ésta: CDU/FDP (11), Alianza 90/Los Verdes (8), Votantes Libres de Offenburg (6), AfD (6), SPD (5), Ciudadanos Libres de Offenburg (3) y La Izquierda (1). A mi vuelta a Estrasburgo hago tiempo para ir a cenar al centro. Esta vez sí voy al Petit Tigre donde como una Tarte flambée gratinada en condiciones y medio litro de refrescante cerveza. Si buscáis un restaurante donde comer bien y sin muchas complicaciones y a un buen precio esta es una buena elección.
Para mi último día barajaba algunas ciudades francesas y alemanas, pero finalmente decido que me quedaré en Estrasburgo. Algo hay que dejar para otras ocasiones y además el próximo día es el de mi vuelta y más vale no cansarse demasiado. En mi primer viaje visite el Musée de l’Œuvre-Notre-Dame y he decidido que quiero visitarlo de nuevo, de ahí que me dirijo a través de la Gran Rue hasta la Place du Château, justo enfrente de la Catedral, y el conjunto escultórico en homenaje a los constructores de las catedrales, que vi bien el primer día. Todo tiene su explicación, y en este museo podéis encontrar algunos vitrales, y las esculturas y que se encontraban tanto dentro de la nave de la Catedral como, sobre todo, en su parte alta, que aquí se guardan para su conservación, y que también crearon estos masones. No os perdáis tampoco el jardín medieval. A mi salida recuerdo una librería de libros de segunda mano y me dirijo ahí a ver que encuentro, pero cómo abre a las 13:30 prefiero probar suerte en unos Grandes Almacenes que están en la Plaza Kléber. Sin embargo, al llegar allí encuentro otra librería, la Librairie du monde entier de Gallimard. La peculiaridad de esta librería es que puedes encontrar libros en varios idiomas, desde el francés, al inglés y el alemán, al ruso y el armenio. Me decido por An African History of Africa, From the Dawn of Humanity to Independence de Zeinab Badawi, The Master and Margarita de Mikhail Bulgakov, y una edición barata de Heart of Darkness de Joseph Conrad. Doy un rodeo hasta un restaurante de comida rápida, comprobando a mi paso cómo las patrullas militares siguen operativas, y vuelvo al hotel donde mantengo una buena charla de despedida con el trabajador más veterano, que tan buenos consejos me ha dado siempre. Preparo mi equipaje y me dispongo para una buena cena, despidiéndome también del trabajador más joven.
Después de cenar me da por comprobar los trayectos de mi vuelta, y en el de Estrasburgo a Paris veo que el código para el tren que coincide con mi horario, difiere. Por lo que veo en Estrasburgo han unido dos trenes, el que viene de Colmar, que es el mío y del que vía web compruebo que coincide con mi código, y otro que viene de Múnich, que se corresponde con el código que muestran en la aplicación. Nada más levantarme veo unos mensajes de la aplicación de inOui en el móvil que me inquietan, ponen que mi tren lleva una hora de retraso. Me tomo un café, me despido del dueño del hotel entregándole mi llave, y me voy para la estación. Por lo que he averiguado el tren con retraso es el alemán y el mío, en principio, mantiene su salida a la hora prevista. Ahora solo queda que se cumpla. Desayuno en una de las cafeterías de la estación y efectivamente, veo en el panel de anuncios los dos trenes en disputa, con el mío a la hora. Llega el momento, le asignan una vía, y todos vamos en tropel hacia el tren. Al cabo de poco más de una hora y media llego a la Gare de L’Est de Paris. Tomo la misma combinación de metros que a la subida y llego a la Gare de Lyon: mi tren a Barcelona sale desde el Hall 2. Cada uno de estos espacios es como si fuera una estación diferente y Gare de Lyon tiene cuatro de estos espacios. En la Estación aún me espera otra aventura, en un momento dado los guardias de seguridad acordonan una zona en la que me encuentro y no dejan pasar a nadie: no sabemos el motivo, no sabemos nada, pero comprobamos como una mujer de seguridad trae un perro y comprueban el equipaje de un chaval, esta historia no dura mucho más de diez minutos. Compro algo para comer, y me subo al tren. La vuelta se hará pesada muy pesada, porque ya quiero volver a casa. Lo llaman alta velocidad, pero en muchos tramos esto no se cumple, y hay estaciones, en las que permanecemos parados un buen rato, más o menos justificadamente, cómo en la de Perpiñán en que separan la mitad del tren.
Llego a Barcelona y ya es de noche. Podría explicar alguna historia más que sucedió en la Estación de Sants, que tiene ver con el comportamiento que tienen algunos, y la ausencia de seguridad que hay en esta estación, pero cómo no me afectó a mí, y no quiero comprometer a nadie, creo que está de más explicarlo. Cuando salí de casa se había iniciado un gran incendio en Francia, y se iniciaban también algunos en mi país, al llegar compruebo como en la mitad occidental, Ourense, León, Zamora, y Cáceres, los incendios lo están arrasando todo.
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El alejandrino Kontantinos Kavafis escribió dos poemas muy significativos para todo aquel que quiere emprender un viaje. Uno de ellos, quizá el más conocido, es el de Ítaca, basado en el viaje de vuelta a casa de Ulises después de la Guerra de Troya, en donde nos anima a emprender el viaje sin temor a nada, porque estos temores no son más que los que llevamos en nuestro interior, deseándonos que este viaje sea largo y rico en experiencias, para que al final comprendamos que, al alcanzar Ítaca, el objetivo de nuestro viaje, sea mejor o peor el resultado, ésta no es nada más y nada menos que el viaje en sí mismo. Tiene otro poema llamado La ciudad, que es más pesimista en donde nos dice que da igual la ciudad que visitemos porque ésta siempre será la que llevamos cada uno en nuestro interior. El pasado nos define y cuando es malo lo proyectamos en todas partes persiguiéndonos sin que tengamos escapatoria. Pero también puedes verlo en el sentido contrario, tus experiencias positivas en el pasado te beneficiaran en el presente, y éstas no son más que lo que decidas hacer cada día en este mismo presente. De ahí que la clave se encuentra en vivir la vida y aprovechar el momento, en comprender y aceptar las experiencias que tenemos, para seguir viajando una y otra vez a través de un camino muchas veces zigzagueante.
https://www.elinconformistadigital.com/2025/08/27/cuarto-viaje-al-corazon-de-europa-por-francesc-sanchez/
Francesc Sánchez – Marlowe. Barcelona.
Redactor, El Inconformista Digital.
Incorporación – Redacción. Barcelona, 27 Agosto 2025.
