El infinito en un junco de Irene Vallejo – por Francesc Sánchez
En mis estudios de bachillerato tuve la gran suerte de tener una profesora de latín y griego que me hizo descubrir un mundo nuevo. No es que desconociera por completo ese pasado de la antigüedad de los griegos, romanos, y otros pueblos aún más remotos: había visto algunas películas, aquellas superproducciones de Hollywood, las de romanos, y también la contraofensiva italiana del péplum. Importante también fue el descubrimiento un día en una librería de Dioses, tumbas y sabios de C. W. Ceram , para comprobar que la búsqueda del pasado había tenido una serie de investigadores y aventureros que fuera de la ficción empequeñecían al famoso arqueólogo con látigo y chupa de cuero. Pero fue Eva quién nos hizo leer, tanto a mi como a mis compañeros, fragmentos de La Odisea de Homero y obras teatro de Sófocles , y lo más importante sabia motivarnos. Una cosa me llevó a otra y decidí leerme la Odisea de principio a fin y descubrí que estos griegos de hace más de dos milenios...